Historia del ex libris

   Desde la Antigüedad, en que la Cultura era patrimonio exclusivo de los más poderosos: monarcas, aristocracia y clero, los libros han sido objetos de valor, por ello se marcaban para dejar constancia de su propiedad y eran coleccionados en bibliotecas de las que poder presumir, como una de sus pertenencias más valiosas, junto con sus fincas, palacios, joyas, obras de arte... se vanagloriaban de sus libros.

   Aunque hay algunos textos anteriores con la marca o el nombre de su poseedor, no fue hasta la invención de la imprenta y la mayor difusión de los libros, cuando los ex libris se convirtieron en la expresión artística que llegaron a ser.

   Al principio, los ex libris consistían en marcas sencillas o inscripciones manuscritas que determinaban la posesión del libro, pero con la invención de la imprenta, se comenzaron a estampar grabados realizados con las distintas técnicas de la época: la xilografía, grabado en madera o la litografía, grabado en piedra caliza y se consiguieron marcajes de gran calidad, que todavía perduran.

   Los primeros motivos que se utilizaron fueron los escudos heráldicos o blasones, así se conseguía enraizar la posesión del libro con su familia y la posterior transmisión a sus herederos. Después, con la mayor difusión de los libros y el paralelo crecimiento de la burguesía, que también empieza a adquirirlos, se amplió la temática de los ex libris y sus diseños fueron más variados.

   Su relevancia hizo que algunos grandes artistas dedicados a la pintura y al grabado, como Alberto Durero, Lucas Cranach, Hans Holbein el Joven y Francisco de Goya hicieran ex libris para aristócratas y bibliófilos.

   Posteriormente, en la época del Modernismo se produjo un renacimiento de este género artístico, con figuras como Gustav Klimt dentro del grupo de artistas vieneses "Secession" y Alphons Mucha, que crearon ejemplares de gran belleza, contando con las nuevas técnicas de impresión mejoradas, como el fotograbado por medios químicos y la impresión en varios colores.

   En España, el Modernismo se desarrolló principalmente en Cataluña, el representante principal de este movimiento fue Alexandre de Riquer, que no solamente hace ex libris sino que los difunde y crea la primera escuela para exlibristas.

   Así el ex libris pasa de ser un objeto propio de élites dominantes a llegar a cualquier persona amante de los libros, que los guarda en su estantería y los marca para preservarlos, en caso de extravío o préstamo a sus amigos "olvidadizos".

   Los ex libris que comienzan siendo complicados grabados, hechos por artesanos que los imprimen en la cubierta del libro o bien en papeles que luego se adhieren al libro, llegan a nuestros días popularizados con el uso de sellos de caucho que simplemente se mojan en almohadilla de tinta y se estampan en alguna hoja del libro o pequeñas prensas de marcaje en seco, que dejan una marca en relieve, sin tinta.

   De todas formas, todavía quedan grabadores que diseñan, realizan e imprimen etiquetas con el ex libris por encargo, como antiguamente y surgen algunas asociaciones y grupos de aficionados que buscan, estudian, coleccionan e intercambian ex libris impresos como si fueran sellos, monedas, billetes o cromos...

 

Ver colección de ex libris

 

Enlaces relacionados:

Biblioteca Nacional de España:
http://blog.bne.es/blog/post-75/

Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense:
http://biblioteca.ucm.es/blogs/Foliocomplutense/3256.php

 

 

Tablilla de barro cocido esmaltada de azul, que se usaba para marcar papiros
del faraón Amenhotep III.
(S. XV a.C.)

 

Uno de los ex libris más antiguos que se conservan, de origen alemán, perteneció al
Capellán Hans Igler.
(A. 1450)

 

Grabador tallando la plancha de madera

Xilografía, grabado que se hace en madera por medio de cuchillas y gubias.

 

Piedra litográficaLitografía, es un grabado en piedra caliza especial,
se marca con un lápiz graso y se graba con ácido.